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⠀⠀⠀⎯⎯ { . . . } ⟋no bien hubo expirado la trápala, encendida por el desafuero del beodo —a la postre expulsado del recinto por la seguridad del establecimiento—, desplomóse sobre los únicos dos mancebos que aún remanecían en el paraje una soledad tan ingrata, que el éter, ya exonerado del fragor que poco antes violentáralo, transmutó la simple vacancia de voces en el terminal despojo sonoro legado por la contienda: yerta reliquia de orfandad, poso de una inhabitación antiquísima, oquedad de aire exangüe, suspendida entre entrambos, cuya inviolabilidad ni el acezo osaba quebrantar.
ella, cuya diestra perseveraba aún agarrotada en derredor del pistolete con que había encañonado al desmandado, yacía cautiva de un pasmo tan fulmíneo, que cuanto circundábala parecía haber perdido la trabazón de su orden. ni alcanzaba el intelecto a concertar el ademán ya consumado con la secuela que de él dimanara, de suerte que quebrárase el ligamen ontológico entre obrar y acontecer; antes, figurábasele todo como visión rezagada del letargo, tan desasida de consistencia que rehusaba precipitarse en certidumbre. sólo entonces descolgó, moroso y errátil, el atisbe sobre aquello que aún aprisionaban sus falanges, cuyo trémulo descaecimiento acusaba el íntimo quebranto de sus nervios. y, tributaria de un resorte de escamotear a toda vista el más irrefragable vestigio de su hecatombe, soterrólo entre los repliegues del atavío, cual si, eclipsando lo que daba fe del lance, alcanzase asimismo a proscribir la verdad de lo acaecido. acto continuo, encomendóse a la fuga, sin franquear siquiera al varón —por cuya salvaguarda acababa de aventurar su integridad— el efímero consorcio de una postrera mirada.