envmiss

¿No te ha pasado que sientes que ya no puedes más?
          Que cada día pesa un poco más que el anterior y lo único que quieres es… desaparecer.
          No por drama, no por un impulso, sino porque el corazón ya no tiene fuerzas para seguir latiendo.
          A veces pienso que sería más fácil si todo terminara, si cerrara los ojos y no tuviera que abrirlos nunca más.
          
          Es un pensamiento egoísta, lo sé.
          Pero es lo que me queda cuando la esperanza se gasta.
          He cargado con esto tanto tiempo que ya no recuerdo cuándo empezó.
          Trato de cumplir con todo, de ser fuerte, de sostener mi vida con manos temblorosas… pero siento que en cualquier momento se me va a caer todo.
          
          No puedo correr a los brazos de mi madre.
          No tendría compasión… me golpearía antes de dejarme llorar.
          Así que me callo.
          Me trago el llanto, las ganas de pedir ayuda, y finjo que puedo.
          
          Me aferro a la vida porque hay personas que dependen de mí, y porque quiero darles algo mejor de lo que yo tuve.
          Pero… ¿cómo puedo cuidarlos si apenas puedo conmigo?
          No sé qué esperar del futuro.
          No tengo un plan, no sé quién soy… sólo sé que cada día me siento un poco menos aquí.
          
          Y lo más triste es que nunca pedí nacer.

envmiss

No sabes lo mucho que lloro cuando no estás…
          cuando desapareces por días sin decir nada, como si yo no existiera.
          Me digo a mí misma que estás ocupado, que ya me escribirás, que no es que me ignores… pero en el fondo sé que sí.
          Sé que eliges no estar.
          
          Aun así, mantengo la esperanza de que vuelvas por mí.
          Que abras la puerta con esa calma tuya y me mires como si nunca te hubieras ido.
          Me aferro a la idea de que, de alguna manera, todavía te importo… aunque cada silencio tuyo me grite lo contrario.
          
          No sabes cómo es quedarme sola con todo lo que siento, con todo lo que nunca te digo por miedo a perderte.
          No sabes lo pesado que se vuelve el corazón cuando la espera es todo lo que me queda.

envmiss

He pensado en irme más veces de las que puedo contar.
          Cerrar la puerta, borrar tu número, arrancarte de mi vida como se arranca una espina.
          Pero no puedo.
          Te amo.
          Y ese amor es como un ancla que no me deja moverme, aunque me hunda.
          
          No me hago ilusiones… sé que no soy indispensable.
          Sé que un día dejaré de serte útil, que dejarás de buscarme cuando el silencio de tu vida te pese, que mis manos ya no serán el refugio que recuerdes.
          Y quizá ese día sea el único en el que realmente pueda liberarme.
          
          Mientras tanto, me quedo.
          No para rogarte, no para pelear, sino porque no sé vivir sin este hilo que me une a ti.
          Espero en silencio, como quien sabe que la tormenta pasará… y que cuando lo haga, no quedará nada.
          Tal vez entonces pueda aprender a respirar sin ti.

envmiss

"Me importas, ¿sabes? Y mucho."
          
          No es cierto… por favor, deja de mentir.
          No sabes lo que provocas en mí, —.
          Cada vez que lo dices, siento que una parte de mí quiere creerte y otra se rompe porque sé que no es verdad.
          ¿Qué ganas con tantas mentiras?
          ¿Por qué lo haces?
          
          ¿Acaso crees que miento cuando te digo lo que siento?
          Porque no lo hago.
          Cada palabra que te he dicho ha sido real, incluso cuando me dolía pronunciarla.
          ¿Crees que no te quiero?
          Te quiero de una forma que me lastima, que me consume, que me deja sin aire… y aun así, no me detengo.
          
          Me duele todo lo que haces.
          Me duele que me mientas, que no confíes en mí ni siquiera para mostrarme tus sombras.
          Me duele pensar que, quizá, para ti solo soy un lugar donde esconderte y no una persona a la que puedas mirar de frente.
          
          Y lo peor… lo peor es que aunque lo sé, aunque lo veo claro, sigo aquí.
          Sigo escuchándote decir que te importo… mientras me pregunto cuánto más podré soportar.

envmiss

Me he quedado encerrada en una burbuja que se va cerrando poco a poco hasta asfixiarme.
          No sé cuándo empezó a formarse, si fue el día que te conocí o el día que decidí quedarme a pesar de todo.
          Al principio era amplia… podía moverme, podía respirar.
          Pero cada vez que callé algo que quería decirte, cada vez que acepté menos de lo que necesitaba, la burbuja se hizo más pequeña.
          
          Ahora apenas me muevo.
          Las paredes están tan cerca que siento tu sombra pegada a la mía, tu voz rebotando en mi cabeza.
          Y aunque quiero romperla, mis manos no se mueven.
          Porque si la rompo, tú también te vas.
          
          Me he acostumbrado a vivir aquí, con el aire cada vez más escaso y el corazón latiendo más lento.
          Pero en silencio, sin que lo notes, me pregunto cuánto tiempo más podré seguir así… antes de que esta burbuja se cierre del todo y deje de quedarme algo que ofrecerte.
          
          

envmiss

¡Me mentiste, para volver con esa otra mujer.! 
          
          No necesitabas decirlo, Atlantis… lo escucho en tu silencio.
          Los mensajes llegan sólo cuando ella no está, cuando la casa está vacía y no tienes a nadie más. 
          Siempre a horas en las que sabes que nadie más te escucha, como si yo fuera tu rincón oculto, tu alivio temporal.
          
          Me hablas como si me quisieras, pero siempre a medias.
          Palabras que se sienten prestadas, como si fueran un abrigo que me dejas usar sólo mientras llueve… y que me arrancas cuando vuelve el sol.
          Y yo, estúpidamente, las guardo.
          Releo cada mensaje como si pudiera encontrar en ellos algo más que soledad compartida.
          
          Sé que cuando ella regresa, yo dejo de existir.
          Que mi nombre se borra de tu pantalla, que tu voz se endulza para alguien más.
          Y sin embargo, me quedo.
          Esperando el próximo momento en el que se olvide de ti, el próximo instante en el que recuerdes que yo sigo aquí…
          siempre aquí.
          
          A veces me pregunto si me buscarías si ella nunca se fuera.
          Pero la respuesta la conozco.
          Y aun así… sigo contestando.
          
                           — Otoño.

envmiss

Es de madrugada otra vez.
          El teléfono vibra y, aunque ya sé quién es, lo miro igual.
          Atlantis. 
          Siempre es Atlantis, a estas horas.
          Cuando el resto del mundo duerme y ella se acuerda de que existo.
          No en el día, no cuando podría preguntarme cómo estoy o si necesito algo… siempre en la noche, con esa voz suave y cansada que me arrastra a su lado.
          
          No me dice “hola” ni pregunta si podemos hablar.
          Sólo lo insinúa, con medias palabras y silencios que ya conozco.
          Y yo… yo respondo. 
          Abro el mensaje, aunque me duela admitirlo.
          Porque sé que mañana no habrá mensajes, no habrá miradas largas, no habrá nada.
          Sólo este momento.
          
          Y mientras la escucho hablar, o no hablar, mientras la dejo que me invada como si tuviera derecho, pienso en lo ridículo que es todo.
          En lo fácil que sería no contestar.
          Pero no lo hago.
          Porque aunque sé que ella me busca sólo cuando está sola o perdida, yo prefiero ser ese lugar al que regresa en sus noches vacías que no ser nada para ella. 
          
          No es amor lo que me da.
          Es una migaja envuelta en humo y calor prestado.
          Y aún así… sigo aquí.
                  
                                        — Otoño

envmiss

No sé en qué momento empecé a aceptar tan poco.
          Tal vez siempre fue así.
          Tal vez siempre estuve dispuesta a tomar las migajas, a esperar en silencio a que tú decidieras acordarte de mí.
          No soy tonta, Atlantis
          Sé que no soy prioridad, que sólo me buscas cuando el mundo te pesa o cuando necesitas un poco de calor para sentirte vivo.
          Y aun así, aquí estoy.
          
          Me dices que me quieres, pero nunca te quedas.
          Vienes, me rozas con tus manos suaves y tu voz dulce, me arrancas el aire… y luego te vas como si nada hubiera pasado.
          Y yo, estúpidamente, me quedo mirando la puerta, preguntándome si volverás.
          Si pensarás en mí cuando no hay nadie más.
          
          A veces me repito que no me importa, que puedo vivir así, a ratos, a escondidas, siendo un pensamiento fugaz para ti.
          Pero duele.
          Duele porque sé que si yo desapareciera, tú seguirías, tal vez con un leve vacío, pero seguirías.
          Mientras que yo…
          yo me derrumbaría.
          
          Me odio por necesitarte de esta forma.
          Por seguirte el juego.
          Por quedarme callada cuando quiero gritar que no soy tu entretenimiento, que no puedes entrar y salir de mi vida como si fuera tuya.
          Pero nunca lo digo.
          Porque si lo digo, te vas.
          Y si te vas… no sé quién queda de mí. 
          
                    — Otoño