Gracias, gracias. ¿Y con quién tengo el gusto de hablar? Aunque, antes de que respondas, debo confesarte algo porque durante mi adolescencia soñaba con tener un físico como el tuyo. Quién sabe cuántas cabezas podría haber aplastado con semejante fuerza, digo, cuántas pesas podría haber levantado sin la ayuda de nadie.