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El viaje termina donde comienza algo incierto.
Lejos del bosque, los Sully llegan a un lugar regido por otras reglas, otros silencios y otras miradas. El refugio es concedido, pero no sin reservas. El mar no se parece a nada que conozcan.
Para Kailani, cada día implica observar, aprender y callar. Hay movimientos que no le salen, espacios que no siente propios y un entorno que parece medirla sin decir una palabra.
El océano no promete nada.
Solo espera.