rociiias
Los antiguos griegos llamaban Ananké a aquello que no se desea, que no se planea, pero que es imposible evitar.
La necesidad inevitable.
El destino que se impone, incluso cuando uno lucha por escapar.
Abigail solo quería trabajar, terminar su carrera y volver a casa algún día.
Nada más.
No buscaba problemas, y mucho menos involucrarse con alguien como él.
Franco era joven, talentoso, famoso...
y absolutamente insoportable.
Acostumbrado a que todo saliera como quería, hasta que una salida le costó una suspensión en su equipo y a aceptar algo que odiaba: ayuda.
No tenían nada en común, excepto una convivencia obligada que ninguno de los dos deseaba.
Ella era su asistente.
Él, su jefe.
Y lo único que hacían era discutir.
Tenían reglas.
Tenían límites.
Tenían razones para mantenerse lejos.
Pero la convivencia trajo discusiones.
Las discusiones, confianza.
La confianza, costumbre.
Y la costumbre... algo mucho más peligroso.
Ninguno lo buscó.
Ninguno lo quiso al principio.
Ninguno estaba preparado.
Porque hay personas que llegan sin que las llames,
se quedan sin que lo decidas,
y cambian todo sin pedir permiso.
Eso era Ananké.