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- ¡Oscah! Deja de hablar así frente a las señoritas, van a creer que yo soy el sumiso.- responde Lando exaltado, riéndose con vergüenza y cariño reflejados en su rostro, tomando de vuelta el trofeo que le ofrecían las chicas.
Oscar alzó las manos a modo de defensa, riéndose junto a las chicas y Lando, en un ambiente feliz, cómodo y seguro.
- No lo he dicho yo, ¿Pero el resto del mundo? Ahí ya no puedo ayudarte. Los números mandan, amor, y los números ya hablaron.- contraataca el australiano, haciendo reír a las chicas más fuerte que antes mientras que Lando le golpeaba el pecho sin fuerza real, también riendo, pero quejándose.
- No me diviertes, Piastri.- gruñe con una sonrisa el británico, tirando del saco negro del australiano, quien suelta un quejido al ver su traje siendo maltratado.
- Nooo, Lando, cariño, mi traje lo estás arrugando.- exclama con voz quejosa, pero aún divertida Oscar, tomando de las muñecas a Lando, acercándose a su rostro y morderle suavemente una de sus mejillas antes de besarle la cicatriz más reciente de su nariz, la que consiguió en Silverstone.