KassMiller
¿Puede un ángel sentir? ¿Existe el amor para una criatura moldeada con la rigidez del mármol, o acaso sus ojos son capaces de llorar? En las alturas, el Cielo permanece cubierto por las monumentales alas de los Serafines, un incendio de geometría sagrada que oculta un secreto aterrador, su Creador, su Señor, aquel ser supuestamente misericordioso, ya no está.
En medio de ese silencio camina Azrael. Ella no posee voluntad, no conoce el deseo y jamás ha considerado el camino de la desobediencia, su papel es ser el verdugo definitivo, la muerte misma. Una segadora de mirada gélida enviada a la Tierra para castigar a los que quebrantan las leyes y para apagar, con sus propias manos, las vidas atrapadas en la agonía, otorgándoles un descanso tan frío como necesario.
Pero en una ciudad devorada por el azufre y el caos de la guerra, la perfección absoluta de Azrael choca contra una anomalía. Un joven de fragilidad herida que, desafiando el orden cósmico, es capaz de mirarla a los ojos, sentir su toque y pronunciar su nombre. Para estudiar y proteger su descubrimiento, el ángel se ve obligado a ejecutar un perturbador juego de imitación humana, vistiendo gestos ensayados.
Atrapada entre los hilos invisibles que aún la tiran hacia un trono vacío y las manos mortales que intentan arrastrarla hacia el suelo, Azrael se enfrentará a la fluctuación más peligrosa de su existencia, una simple gota de duda. Porque en el cristal más puro del Reino de la Perfección, basta una sola grieta para que todo el orden comience a estallar.