astro__
- Reads 1,097
- Votes 135
- Parts 4
La fama siempre ha tenido dos caras, la realidad utópica que vemos en la televisión contra la triste y cruel realidad. El odio fuera de cámaras, las amenazas de muerte enfrente de tu casa, no es algo que puedas ignorar fácilmente y Pedri no era la excepción.
Empezó en lo más alto, alabado por la afición del Barça hasta que un día cayó en picado. Había perdido su magia. La gente ya no le adoraba, era solo un jugador más en el campo, simplemente, el mejor amigo de alguien que estuvo vivo.
A los medios no les faltaba razón alguna de que la muerte de Ferran había afectado de forma física y mental al centrocampista, pero, había un tema con el que no titubeaban. Si habían conseguido atentar contra la vida del valenciano sin ningún obstáculo de por medio, con él podría ocurrir en cualquier momento.
Por eso, los protocolos se volvieron más duros, la seguridad se duplicó y vivir una vida normal se convirtió en un sueño frustrado para el canario.
Agradeció los días, soportó las semanas y protestó los meses.
Al año aprendió a callar, no valía la pena luchar si su opinión no contaba. A los tres no iba a hacerlo. Estaba harto, cansado de tener siempre dos coches blindados detrás de él.
Necesitaba desconectar, volver a su vida de antes por un día.
Una noche de fiesta con los del equipo, sin una gota de alcohol, eso lo mantendría atento a sus alrededores. O eso tenía planeado, porque lo que no sabía Pedri es que el momento en el que cruzas miradas, ya has bajado la guardia.