Bombomz77
-¿Y qué le dirán a Naruto cuando crezca? -preguntó Hiruzen, sosteniendo al pequeño rubio-. ¿Cómo pueden abandonar a uno de sus hijos y llevarse únicamente a Menma? ¡Ambos son sus bebés!-Kushina abrazó a Menma, intentando contener las lágrimas mientras escuchaba llorar a Naruto. -No me lo haga más difícil, Hiruzen, por favor -susurró. Minato guardó silencio antes de responder con una frialdad que hizo estremecer a su esposa. -Dígale a Naruto que estamos muertos. Cuando pregunte por sus padres, dígale que murieron y que debe aprender a vivir sin nosotros.
-¡Minato! -exclamó Kushina, con lágrimas recorriendo sus mejillas-. ¡Es nuestro hijo! ¡Ni siquiera podrá recordar nuestros rostros!
-Lo sé, pero debemos marcharnos.
-¡Entonces déjame despedirme! ¡Solo quiero darle un beso!
-No tenemos tiempo, Kushina. Menma nos espera.-Ella miró a Naruto, que lloraba desconsoladamente mientras extendía sus pequeñas manos. Quiso correr hacia él, abrazarlo y besarle la frente, pero terminó siguiendo a Minato sin siquiera despedirse. La puerta se cerró y Kushina rompió a llorar, incapaz de olvidar el llanto de su hijo. Hiruzen estrechó a Naruto contra su pecho, sintiendo una profunda impotencia. Mientras tanto, dentro del subconsciente del bebé, Kurama había escuchado cada palabra. -¡Malditos humanos! ¡Esos miserables abandonan a su propia cría y encima quieren que crea que están muertos! -rugió, golpeando el suelo de su prisión. Sus ojos carmesí se fijaron en la oscuridad, siguiendo el débil eco del llanto de Naruto. -¿Qué será de ti ahora, pequeño cachorro? -murmuró, sintiendo una compasión que se negó a reconocer-. Escúchame bien, Naruto. No sé qué destino te espera, pero no permitiré que estés completamente solo. Kurama cerró los ojos, atento a cada sonido del exterior. Odiaba a los humanos, pero aquel pequeño no había elegido ser abandonado. Y, aunque jamás lo admitiría, el Kyūbi acababa de decidir que protegería