belladonna_fx
Ella escribió para no olvidarse de sí misma.
De las mañanas tibias, del olor a pan recién hecho, de las manos blancas de harina y el corazón intacto. Escribió porque creía que la bondad era un idioma universal, porque pensó -con una fe casi infantil- que el mundo sabría responderle con la misma suavidad.
En sus páginas hay recetas que no siguen medidas exactas, recuerdos pequeños que arden despacio, risas anotadas al margen. Hay palabras que intentan quedarse, como brasas escondidas bajo la ceniza. Hay una calidez constante, una luz humilde, la de quien ofrece sin pedir nada a cambio.
Pero el mundo no es amable con los corazones bondadosos.
El mundo toma lo que brilla y lo pone a prueba.
A veces, demasiado cerca del fuego.
Pobre niña ingenua que le hablaba a su diario, su único amigo. Como si escribir bastara para proteger lo frágil. Como si la ternura pudiera sobrevivir intacta a las llamas del azar, de la crueldad, del descuido humano.
Este no es un diario heroico.
Es el registro de una vida común enfrentándose a un mundo que quema sin avisar.
Una historia donde la luz no grita, solo parpadea... Hasta que se apaga.
Algunas historias terminan con estruendo.
Otras se consumen en silencio, dejando solo calor residual, olor a humo y páginas que aún conservan algo de vida entre las líneas.
Porque hay corazones que no nacieron para endurecerse.
Y hay fuegos que no distinguen entre culpa e inocencia.