elrincondelnicho
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Vito es uno de los jugadores más polémicos del Madrid. Tiene talento, lo sabe y no se calla absolutamente nada. Provoca a los rivales, discute con los árbitros y, cuando tiene un micrófono delante, parece incapaz de no soltar alguna barbaridad.
Gabriel Rufián, por su parte, es el entrenador del Barcelona. Inteligente, calculador y con una paciencia que Vito parece empeñado en llevar al límite.
El problema es que Vito parece tener una extraña obsesión con sacarlo de quicio.
En las ruedas de prensa habla de él. Durante los partidos busca su mirada desde el campo. Y cuando marca un gol contra su equipo, lo celebra mirando directamente hacia el banquillo.
Gabriel asegura que ese chico le importa absolutamente nada. Sin embargo, se sabe de memoria sus estadísticas, sus puntos débiles y hasta las declaraciones que hace después de cada partido.
Ninguno de los dos está dispuesto a admitir que el otro ocupa demasiado espacio en su cabeza. Y si aquello solo fuera una rivalidad deportiva, no habría ningún problema.
Pero ¿Qué pasa cuando empiezan a disfrutar demasiado del juego?